lunes, 25 de febrero de 2013

En el parque



Guión: Olalla H. Ranz
Ilustraciones: Josune Urrutia (“El escondite”), Livia Cives (“¿Jugamos a las casitas?”), Cristina Pérez Navarro (“Corre que te pillo”), Miguel B. Núñez (“El balón”), Diego Fermín (“Los clones”), Riki Blanco (“Las canicas”), Dani Sanchis (cubierta)

“En el parque” encontraréis una historia cómica y cinco terroríficas. Sin dudarlo, recomiendo que os adentréis en ellas porque son seis grandes mini relatos en viñetas.

“El escondite” es la primera historia del libro, el guión es de Olalla H. Ranz, como el resto de narraciones de “En el parque”. Las ilustraciones son de Josune Urrutia. Una versión un tanto siniestra del clásico juego de niños, que acaba con un final turbador. Viñetas teñidas de ocres que van oscureciendo a medida que la intriga crece.

El segundo cómic no tiene desperdicio, su nombre es “¿Jugamos a las casitas?” y lo ilustra Livia Cives. Se adentra en el mundo de la relación niño-adulto, y la repetición e imitación de conductas, pero con una vuelta de tuerca tan irreal que se vuelve real. Aquí, valoro especialmente la escenificación e interpretación del guión de Olalla H. Ranz por parte de la ilustradora.

Hemos jugado al escondite, y a las casitas, el tercer juego trata de correr y pillar a unos protagonistas que desaparecen, desaparecen en la ficción, en el juego del escritor como dueño y creador de los personajes. Tiernas y coloridas ilustraciones de Cristina Pérez Navarro, acompañan y sirven de contraste a su inquietante final.

En el parque también hay muchos que juegan al balón, pero seguro que no habéis visto a ninguno como los protagonistas de la historia ilustrada por Miguel B. Núñez. Dos marcianos, uno miedoso y otro mandón son los intérpretes de esta historia cómica.

“Los clones” es como un trocito de una película muda, en la que vemos las imágenes, y vemos un fondo negro con los rótulos descriptivos de lo que observamos en los fotogramas en movimiento. El texto describe, como si de un documental se tratara, las principales actuaciones de los niños en un parque, es desconcertante, pero también es insólito y a su vez un poco humorístico. Las ilustraciones en blanco y negro de Diego Fermín son impresionantes.

“Las canicas”, otro clásico juego de niños, da nombre al último pedacito de este espectacular libro. ¿Qué pasa cuando a una canica se la traga la tierra? ¿Dónde va a parar? Sorprendentes ilustraciones de Riki Blanco que traducen en imágenes este ingenioso guión.

Para entender lo que pasa en este parque, tenéis que adentraros en él, no puedo ofrecer más, es momento de pasar miedo, risa, inquietud, consuelo, empatía, o lo que quiera que sientas tú, cuando irrumpes en un mundo aparentemente real, repleto de fantasía. 












martes, 19 de febrero de 2013

Hacia una crítica sin adjetivos



Lo mejor de los cursos es la reflexión, tanto si eres profesora como si eres alumna. La primera edición de Primera plana:periodismo LIJ terminó. Nacen ahora una serie de pequeñas reflexiones sobre crítica, periodismo y LIJ, bajo el nombre: Hacia una crítica sin adjetivos.

A partir de las reflexiones de María Teresa Andruetto sobre la literatura sin adjetivos, he querido extrapolarlo a la crítica, para analizar la relación que mantiene este género periodístico con la LIJ y los niños.

“El gran peligro que acecha a la literatura infantil y a la juvenil en lo que respecta a su categorización como literatura, es justamente el de presentarse a priori como infantil o como juvenil. Lo que puede haber de “para niños” o “para jóvenes” en una obra debe ser secundario y venir por añadidura, porque el hueso de un texto capaz de gustar a lectores niños o jóvenes no proviene tanto de su adaptabilidad a un destinatario sino sobre todo de su calidad, y porque cuando hablamos de escritura de cualquier tema o género, el sustantivo es siempre más importante que el adjetivo. De todo lo que tiene que ver con la escritura, la especificidad de destinatario es lo primero que exige una mirada alerta, porque es justamente allí donde más fácilmente anidan razones morales, políticas y de mercado.

A lo largo de los años que hace que trabajo en este campo he percibido resistencia de muchos escritores frente a la crítica y los estudios académicos. Esa resistencia esconde, creo, un miedo a la discusión de ideas y a la revisión de las producciones. Sin embargo, debiéramos lamentar que esa crítica sea todavía débil en cuanto a la cantidad de agentes que la desarrollan y que muchas veces se manifieste tímida frente al avance de la publicidad y del mercado, como es de lamentar que esa mirada crítica no ocupe u ocupe poco lugar en los medios de circulación masiva y quede de ese modo replegada a ciertos pequeños ámbitos de estudio. De haber sido de otro modo –de un modo que espero llegue más temprano que tarde– no hubieran prosperado tantos libros de mala calidad, y se hubiera orientado más y mejor a los potenciales compradores (sean estos padres, maestros o instituciones) hacia libros de calidad literaria y estética. Porque la literatura de un país no se hace sólo con escritores, sino también con investigadores, formadores y críticos y se hace sobre todo con lectores que, dialogando con las obras ya escritas, van construyendo obra hacia el futuro. Se trata de una construcción social, que tiene que ver con entender la literatura de un país como la inmensa tarea de una sociedad que escribiendo, estudiando, cuestionando, difundiendo, leyendo o ignorando lo escrito va haciendo la obra de todos”. *

Estas palabras de Maria Teresa Andruetto recogidas en el libro “Hacia una literatura sin adjetivos” son punto de partida necesario para la reflexión. Si la literatura debería ser siempre cultura sin adjetivos, ¿por qué la crítica va a llevarlos? Si pensamos por un momento en el espacio que dedican los medios generalistas a la literatura infantil, obtenemos un resultado algo ridículo, y normalmente son los libros más comerciales los que ocupan esas páginas. Es la prensa especializada, pero no solo en literatura general, sino la especializada con adjetivos, la que ofrece una visión más similar a la realidad diaria.

Por otro lado, también es cierto que últimamente se tiende al cambio. Pero ¿por qué le presta ahora más atención la prensa a la LIJ? En un artículo en su blog, Germán Machado argumenta una respuesta: “Seguro que eso responde al hecho de que la LIJ va cobrando una importancia editorial sin antecedentes. Con muchos más títulos publicados, con mucha más visibilidad, con muchas más ventas, el negocio de la LIJ no es menor en lo que hace al conjunto de los resultados de la industria editorial. Siguiendo esa lógica, es obvio que la prensa le preste atención”. Sí, seguramente sea cierto, pero ¿debería ser así?, ¿debería tener más voz porque vende más, porque ahora es una industria?, ¿estamos dejando la calidad en un segundo plano?, ¿sería mejor que los medios trataran a los libros como libros sin adjetivos, sin ventas, sin marcas, sin influencias…?

* Este texto forma parte de Hacia una literatura sin adjetivos (Comunicarte, Córdoba, 2009).



jueves, 7 de febrero de 2013

Los fanzines


Nos gustan los fanzines, porque son artesanales, son como tesoros por descubrir, contienen pequeñas y gratificantes sorpresas, están plagados de ilustraciones e historias fascinantes. Además, son económicos, de bajo presupuesto y parecen un soplo de libertad.

Los Ninjas Polacos nació como un blog de ilustración que llevan Mayte Alvarado y Borja González, y con el tiempo se ha convertido en una plataforma para la autoedición de fanzines.

“Livianas” de Mayte Alvarado es el último fanzine que ha visto la luz. Cuenta una historia llena de magia, una historia de amor nada convencional, un canto a la libertad. 


¿Los fanzines pueden ser leídos por un público infantil? Yo creo que deben, sobre todo aquellos que narran historias adaptadas, como el caso de “Livianas”. 


También podemos encontrar fanzines para niños, un ejemplo, los de la editorial Paiorfa. Todos los fanzines están disponibles en varios idiomas. Son en blanco y negro, están encuadernados a mano y editados desde Valencia.


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